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Mermeladas

 

Conservar la fruta con algún tipo de edulcorante natural es una práctica que viene realizándose desde la época de los romanos, cuando a la fruta le añadían su peso en miel y la hervían para hacerla más consistente. Con la llegada de los árabes y la introducción en nuestro país de la caña de azúcar y el algarrobo, comenzó a hacerse la mermelada prácticamente como la conocemos hoy en día.
 
El origen de su nombre sigue siendo dudoso. Algunos aseguran que procede de las palabras miel y manzana mientras que otros piensan que viene de la palabra portuguesa marmelo, que significa membrillo. Por su parte, los franceses la denominaron confitura -del verbo confitar-, y los ingleses, desde la época de Isabel I, pasaron a llamarla marmalade.
 
Este dulce placer para disfrutar en desayunos y meriendas y utilizar en numerosas recetas de repostería, se encuentra en el mercado en diferentes variedades. La ley distingue entre mermeladas extra y mermeladas (Real Decreto 670/1990 del 25 de mayo). Las primeras presentan un porcentaje de fruta entera cocida por cada 1000 gramos de producto acabado no inferior a 500 gramos; y las segundas un porcentaje no inferior a 300 gramos.
El mercado de mermeladas y confituras mueve en nuestro país cifras que alcanzan los 81 millones de euros. Se calcula que sólo los hogares consumen alrededor de 26.700 toneladas al año.
 
Es una buena fruta de verano, frutas del bosque, la fruta y su conservación más allá de su maduración es la base para unas recetas exquisitas. 

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