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“Bodegas Gutiérrez de la Vega”

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Don Felipe Gutiérrez de la Vega junto a su mujer Pilar, en los años 70 se instalan en una antigua casa de campo de Jávea para retomar los antiguos viñedos familiares e impregnarse de la cultura de la Marina Alta. Inician su andadura, involucrando e inculcando sus valores y amor por el mundo del vino a sus hijos.

En 1982 trasladan la bodega a una antigua Almazara  en Parcent, donde empiezan a comercializar sus productos que poco a poco van tomando nombre a nivel nacional e internacional, permitiendo a la familia ampliar sus instalaciones y aumentar su producción. Así es como en 1992 inauguran una bodega más funcional y adaptada a los nuevos tiempos.

Además de elaborar vinos, cultivan el campo, conservaran la construcción tradicional de viviendas, elaboraran aceites, vinagres y pan.

La idea de personificar el vino "Casta Diva" surge cuando Felipe  escucha “Casta Diva” de Bellini en la película basada en la vida del compositor, cuyo personaje femenino estaba interpretado por Antonella Lualdi. Desde ese momento Casta Diva es muy importante en el desarrollo de la bodega. Sirviendo de base esta idea en la concepción de otras marcas y vinos como Rojo y Negro o Príncipe de Salinas.


Las bodegas están situadas en un pequeño pueblo de montaña alicantino, en la comarca de la Marina Alta, en este cabo existe un microclima muy especial. Las lluvias
a lo largo del año son importantes, también es muy importante los días de sol que también son abundantes. En esta zona se encuentran Moscatel y Giró. La Monastrell mejor adaptada a los climas mas secos esta situada en la Sierra de Salinas al sur, en el interior de la ciudad de Alicante, donde llueve menos y donde el suelo es arenoso.


Los viñedos se han conservado gracias al alquiler de algunas parcelas que de otra forma hubieran desaparecido. Ademas de seguir cultivando las parcelas de la familia.
Su manera de trabajar la viña es de la misma forma que lo hacían sus antepasados, es decir, respetando al máximo a la viña y a su entorno.
Los suelos son en su mayoría margas calcáreas rojas y blancas, en el caso de La Monastrell son arenas en las que quedan restos de sal de una antigua salina.



La evolución desde aquel inicio hasta ahora es visible, la renovación e innovación es claramente perceptible no solo en los vinos, sino también en la estética arquitectónica, el diseño de etiquetas y de las mismas botellas, aunque siempre manteniendo la solera u autenticidad del principio.

Todo está cuidado al detalle, el conjunto de barricas está proyectado en una gruta escavada bajo tierra con paredes de tierra viva que le dan la humedad y temperatura precisas para el estado óptimo del vino.

Los vinos de la Bodega descansan en un lecho de maderas de distintos tipos de roble francés, americano, caucásico o húngaro, armonizados a menudo por un conjunto de notas musicales de grandes autores muy variados y valorados.